Las manifestaciones del cambio climático
La superficie de la tierra se ha calentado 0.74º C durante el siglo veinte, y tan sólo en las últimas cuatro décadas la temperatura se ha incrementado 0.52º C. Esto ha provocado otros cambios profundos: el nivel medio del mar ha subido más de 10cm, y su tasa de aumento se ha duplicado en los últimos 12 años; el grosor de las capas de hielo y nieve en glaciares y polos ha disminuido constantemente desde hace 30 años, llevando a la pérdida permanente de casi el 10% de su volumen. El calentamiento de la tierra y los cambios en los patrones de precipitación están provocando diversos cambios en las áreas de distribución de muchas comunidades vegetales; algunas se están desplazando hacia lugares más altos y otras se están contrayendo, mientras que unas más están en proceso de expansión. En los mares está aumentando la acidez del agua y en la última década han aparecido grandes zonas de anoxia. En particular, el calentamiento del océano ha causado el blanqueamiento de corales, mientras que en los continentes son evidentes tanto los cambios en los periodos de floración y fructificación de varias especies vegetales, como modificaciones relevantes en los ciclos de vida de una gran variedad de especies animales (insectos polinizadores, aves, etc.), lo cual afecta las diversas interacciones entre especies y el funcionamiento de los ecosistemas, con influencia directa sobre la agricultura.
Las causas
Los niveles de dióxido de carbono (CO2) – el gas que más contribuye al cambio climático- han aumentado 70% respecto a la era pre-industrial (c. 1890); otros gases de efecto invernadero como el metano y óxido nitroso han aumentado también significativamente sus concentraciones en la atmósfera en el último siglo y tienen un poder de calentamiento mayor. Existen hoy evidencias científicas concluyentes para afirmar que: a) la acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera es la causa principal de los cambios observados; b) esta acumulación está asociada principalmente a actividades económicas: generación de energía y transporte en base a combustibles fósiles, la destrucción de bosques y selvas (deforestación), los cambios de uso de suelo, la agricultura intensiva y el mal manejo de los desechos.
Graves Impactos Esperados
Se han planteado escenarios a futuro para estimar la magnitud del calentamiento esperado y los impactos de éste. Los efectos proyectados por el IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático, de las Naciones Unidas) para este siglo incluyen aumentos de temperaturas promedio que pueden ir desde 1.8 hasta 4.0 ºC, dependiendo del tipo de desarrollo que adoptemos a nivel mundial (por lo que no se descarta llegar hasta 6.4 grados) y aumentos en el nivel del mar entre 0.18 y 0.59 m; sin embargo, las más recientes estimaciones del IPCC, donde se incluye la dinámica de fusión de las inmensas capas de hielo al derretirse, apunta entre 0.5 y 2.0 m de aumento hacia el final del siglo. Se esperan además cambios significativos en los patrones pluviales; mayor incidencia de extremos en temperatura y en lluvia, ciclones tropicales, ondas de calor e inundaciones cada vez más intensos y frecuentes, así como sequías cada vez prolongadas; dificultad para el suministro de agua potable y un aumento de las zonas de influencia de las enfermedades tropicales como el dengue y la malaria. El aumento del nivel del mar causará pérdida de zonas costeras y de playa. Se pronostica que en el año 2015 desaparecerá completamente la cobertura de hielo en el ártico durante los meses del verano. En los océanos, que absorben la mayor parte de las emisiones de GEI humanas, el proceso de acidificación es ya alarmante, y amenaza severamente tanto a los arrecifes de coral como a las pesquerías comerciales.
Todos estos fenómenos repercutirán a su vez en la economía nacional y regional, y tendrán impactos graves, sobre todo en las poblaciones y sectores sociales más vulnerables, debido a la pobreza, marginación y las condiciones geográficas. Se sabe que varios de los gases de invernadero tienen una prolongada permanencia en la atmósfera (por ejemplo, el CO2 tarda entre 50-200 años en ser reabsorbido), por lo cual la temperatura y el nivel medio del mar seguirán subiendo durante varios siglos, incluso después de que se reduzcan las emisiones. En consecuencia, independientemente del escenario económico que sigamos, en los próximos veinte años se espera un aumento de temperatura superficial de 0.4 ºC en el mundo; más aún, debido a la lenta respuesta de los océanos al calentamiento, incluso si en estos momentos se estabilizaran las tasas de emisiones de GEI en los niveles que tenían en el año 2000, cabría esperar un calentamiento entre 0.3 y 0.9 ºC en el largo plazo.
Estrategias para enfrentarlo
Dada la inercia climática, mientras más tiempo tardemos en reducir las emisiones de GEI – las cuales han aumentado en 70% entre 1990 y el 2004 – tanto las medidas de adaptación como las de reducción de vulnerabilidad se volverán más urgentes, y al mismo tiempo, más estrictas tendrán que ser las medidas de mitigación requeridas para estabilizar las concentraciones de estos gases en niveles que nos permitan evitar los riesgos más graves (económicos, sociales y ambientales), sin causar efectos irreversibles en el clima del planeta.
Para hacer frente a esta problemática es urgente tomar acciones locales concretas, y al mismo tiempo emprender una acción conjunta y coordinada a nivel internacional, basada en el principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas entre los países y sectores sociales. Es vital que todas las naciones contribuyamos proporcionalmente para reducir globalmente las emisiones de GEI en 50% durante los próximos 25-30 años para salvar esta crisis. Las medidas de adaptación y mitigación están ampliamente justificadas por el principio precautorio, según el cual es mucho más efectivo actuar preventivamente que tratar de remediar los efectos una vez que el calentamiento del planeta se haya acentuado.
México ante el Cambio Climático
Tomando en cuenta la problemática descrita anteriormente, consideramos lo siguiente:
- POLÍTICAS PÚBLICAS El cambio climático requiere una estrategia de estado. Es un problema estratégico, pues causa presiones cada vez mayores sobre nuestra base productiva y los recursos naturales, que son nuestro patrimonio nacional. México debe por tanto tener una política pública pro activa para enfrentarlo, con metas claras, planes coherentes y fondos para garantizar su cumplimiento. Es fundamental que exista una coordinación efectiva entre las dependencias gubernamentales para evitar acciones que se contradigan entre sí, y llevar como eje en la planeación la implementación del desarrollo sustentable. México es altamente vulnerable a los impactos del cambio climático debido a su gran diversidad geográfica y ecológica, la baja disponibilidad de agua, la gran cantidad de agricultura de temporal, así como por la distribución tan desigual de la riqueza. Por otra parte, ocupa el lugar 14 entre los países emisores de gases de efecto invernadero, debido a que nuestra actividad económica depende fuertemente del uso de los hidrocarburos y enfrentamos altas tasas de desforestación.
- ESTRATEGIA INTEGRAL. Una estrategia integral ante el cambio climático comprende prácticas de adaptación, reducción de vulnerabilidad y mitigación; éstas deben aplicarse simultáneamente, y no consecutivamente, buscando la integración de sus elementos para optimizar nuestra respuesta ante el cambio climático, y al mismo tiempo disminuir los riesgos (sociales, económicos, tecnológicos). La adaptación requiere una planeación del desarrollo económico en función de los cambios climáticos esperados; la reducción de la vulnerabilidad consiste en tomar acciones específicas, capacitación, para prevenir posibles daños. La mitigación comprende introducir medidas, políticas y tecnologías para evitar más emisiones de GEI. Se deben buscar sinergias entre las distintas estrategias climáticas y las necesidades sociales y ambientales de desarrollo en nuestro país. Esto es, si bien la acciones ante el cambio climático se apoyan en la reducción de la vulnerabilidad, la transición energética y la conservación de los sumideros naturales de carbono, no se trata sólo de resolver problemas técnicos: nuestros esfuerzos deben ser parte de un modelo de desarrollo integral, a largo plazo, que nos conduzca hacia una sociedad sustentable.
- ADAPTACIÓN Y VULNERABILIDAD. L
a mayor presión debida al cambio climático en México será sobre la disponibilidad de agua, lo que aumentará la vulnerabilidad de las zonas áridas y semi-áridas, y las de agricultura de temporal (20% menos agua), además de las zonas costeras y bajas, donde están los principales riesgos de desastres por inundaciones y deslaves (centro, sureste y Golfo). Tanto los ciclones y huracanes como las sequías (norte y noroeste) serán riesgos cada vez mayores, y representan amenazas nacionales. Por tanto, es necesario a) señalar y proteger las zonas costeras y las localidades más vulnerables (en regiones inundables, deltas de ríos y en zonas secas), b) conservar los ecosistemas más amenazados (los bosques templados y fríos, los pastizales, arrecifes y manglares) incluyendo tanto a las comunidades como a la biodiversidad; c) optimizar el aprovechamiento de agua, tanto en agricultura de temporal como en zonas urbanas; d) evaluar la posible afectación tanto de los recursos hidrológicos nacionales, así como los energéticos (sobre todo en la zona del Golfo). Es especialmente urgente identificar las principales áreas de recarga de los mantos acuíferos y los procesos que ocasionan su deterioro, para tomar acciones inmediatas de conservación o restauración.
Se requiere además la participación de expertos en centros regionales y tecnológicos que puedan elaborar planes de capacitación ante desastres y proyecciones de la productividad y los riesgos, bajo los nuevos escenarios climáticos, para: los distintos sectores económicos, asentamientos urbanos, cultivos, climas regionales, recursos hidrológicos, zonas vegetales, zonas costeras; planear la construcción de puentes, canales de alivio, elaborar balances de energía, entre otras. Para reducir la vulnerabilidad social, se debe proteger la infraestructura y desarrollar la capacidad de autosuficiencia en la producción de los medios básicos de subsistencia: los recursos de energía, alimentación y agua. - MITIGACION DE EMISIONES.
Es urgente una transición hacia un modelo económico de bajas emisiones de gases de efecto invernadero. Esto implica promover una transición conjunta en los sectores energético, agrícola y forestal, integrando en ellas, como un aspecto fundamental, el desarrollo social sustentable.
Sectores Energético y Transporte. Debemos plantearnos la construcción de una base energética limpia, segura y más equilibrada para el futuro del país. Por una parte, las medidas de eficiencia, ahorro y conservación de energía a gran escala representan el potencial de mitigación más importante y costo efectivo en el corto plazo. De continuar y fortalecerse, estas medidas podrían reducir hasta en 20-50% la demanda de energía proyectada para 2030-2050. Por otra parte, contamos con el potencial para cubrir el 35-60% de la demanda resultante en 2030-2050 con energías renovables (ER). Para lograr estos objetivos se requiere de apoyo institucional, reformas y esquemas flexibles que permitan diversificar las escalas, las tecnologías, las inversiones y los actores involucrados; es además importante descentralizar el suministro. Se requieren incentivos fiscales y fórmulas de financiamiento que garanticen inversiones estables para apoyar la eficiencia energética, los métodos anticontaminantes, los proyectos de autogeneración y el desarrollo tecnológico de ER. En el sector transporte, es necesario promover el transporte masivo sustentable en las ciudades, el uso de vehículos más eficientes y mejores combustibles; al mismo tiempo se deben evitar los subsidios directos e indirectos al uso de combustibles fósiles. La promoción de programas energéticos con renovables (e.g., biocombustibles) deberá atenerse a criterios estrictos de sustentabilidad; por ejemplo, en términos de contratos con poseedores de los recursos naturales, o en el caso de agrocombustibles, asegurando que no deterioren la seguridad alimentaria ni provoquen mayores impactos ambientales en su expansión a gran escala.
Sectores Forestal y Agrícola. La protección de nuestra cobertura vegetal y la conservación de la integridad de los suelos de la agricultura son estrategias fundamentales. Debemos apoyarnos en los pequeños y medianos productores y en las comunidades para trabajar en estrategias económicas y ecológicas sustentables; la explotación racional es la única manera de detener la deforestación, que actualmente alcanza unas 500,000 hectáreas al año. Tanto fortalecer el manejo sustentable de bosques y selvas como un nuevo modelo agrícola, aseguran la captura de carbono y detener la degradación de suelos. Existe el potencial de habilitar 280 mil hectáreas al año mediante proyectos de restauración y reforestación mediante plantaciones forestales comerciales, para restaurar suelos degradados y producir bioenergéticos, combinando con actividades alimentarias y cultivos mixtos cuando sea posible. La agroindustria y la ganadería son cada vez más dependiente de los fertilizantes y de mayores insumos de energía y agua para poder mantener su rendimiento. Entre otras medidas, se deben promover sobre todo las estrategias agroecológicas, los métodos de labranza mínima, las prácticas agroforestales, cultivos mixtos y sistemas locales de insumo-producto.
- CAMBIOS ESTRUCTURALES. Para reducir de manera efectiva la vulnerabilidad de nuestro país al cambio climático (así como para lograr una reducción sustancial de las emisiones de gases de invernadero) se requieren cambios estructurales. Esto significa optar por un modelo de desarrollo distinto al que hemos seguido. Por ejemplo, es necesario hacer efectivo el ordenamiento urbano; hacer esfuerzos de planeación e ingeniería y regular el crecimiento de la infraestructura de las ciudades, deteniendo la urbanización en las zonas boscosas y/o en las inundables; elaborar normas de construcción y mantenimiento sustentables en edificios y eficiencia en los complejos devoradores de energía (centros habitacionales, hoteles, centros comerciales). Es crucial además disponer de un transporte público eficiente y sin emisiones, y dar viabilidad dentro de la estructura de las ciudades tanto a las ciclovías como a las rutas peatonales como alternativas reales. Para evitar la expansión de la urbanización insostenible se necesita además optimizar la movilidad de las personas, redistribuir tanto localizaciones como horarios y reducir el radio de desplazamiento medio, así como modificar los patrones individuales de consumo (evitando el dispendio). Requerimos desde luego mejorar la gestión de las cuencas hidrológicas e implementar un programa de manejo integral de la basura y de los rellenos sanitarios, incluyendo reciclaje, reducción de volumen, combustión controlada, producción de compostas y generación biogás. Es clave también contar con sistemas alimentarios basados en el abasto de productos locales y con un menor dispendio de materiales y energía en los procesos de transporte, procesado y empaque.
- SOBERANÍA. El Estado Mexicano debe mantener la soberanía sobre los recursos naturales. Al mismo tiempo, la gestión del Estado debe contemplar la diversidad de los actores involucrados y descentralizarse. Se deben buscar modelos innovadores y esquemas flexibles que permitan potenciar la participación de los distintos sectores sociales, garantizando el acceso equitativo a las opciones de mitigación y adaptación y marcos regulatorios apropiados.
- CIENCIA. Los científicos e investigadores tenemos mucho que decir ante el Cambio Climático; debemos ejercer una ciencia abierta y responsable de sus resultados; mostrar un compromiso social, orientando nuestras investigaciones y definiendo los problemas de estudio con base en las necesidades de los distintos sectores del país. Es importante nuestra participación en grupos de estudio nacionales e internacionales, tanto para mejorar el entendimiento del origen de este problema, las consecuencias para México, así como para identificar las opciones de mitigación más viables y con impactos sociales positivos, así como las tecnologías más seguras y asimilables para detonar un desarrollo tecnológico sustentable. Debemos mantener informado al público respecto a los resultados de nuestros estudios, pues en muchos casos proporcionarán información clave para la toma de decisiones.
- ALGUNAS ACCIONES CONCRETAS.Todos podemos hacer algo para hacer que esta crisis global sea menos severa durante el presente siglo, para nosotros y las generaciones que vendrán. Podemos comenzar por disminuir la cantidad de basura que generamos y separar la orgánica para fabricar composta y/o construir azoteas verdes, además de sembrar y proteger personalmente los árboles, y asegurarnos de comprar madera de bosques debidamente manejados, la mayor prioridad es contar con un Plan Nacional para detener la desforestación. Debemos desde luego equipar nuestros hogares y cambiar nuestros modos de vida para ahorrar más agua y evitar el gasto innecesario de combustibles como gasolina o gas. Para reducir el consumo de electricidad, las opciones con mayor potencial a nuestro alcance en el corto plazo están en usar equipos más eficientes (hornos, refrigeradores, etc.) y aprovechar la infraestructura de las casas, negocios y edificios para ahorrar combustible (calentadores de agua solares, iluminación y circulación de aire mediante ventanas) o bien para producir energía (páneles fotovoltáicos, aerogeneradores). Es necesario permanecer atentos y presionar a los gobernantes y empresas para que actúen en consecuencia, pues las acciones que se tomen en estos años serán determinantes para el estilo de vida que llevaremos en el futuro del planeta.
